sábado, 11 de diciembre de 2010

Legado Natural

sábado, 11 de diciembre de 2010
Por: Claudia Delgado

Después de una serie de negociaciones, los integrantes del Consejo Universitario sanmarquino decidieron que no se derrumbará el Museo de Historia Natural. Se han salvado noventa investigaciones científicas y más de 80, 000 muestras de flora y fauna.

“Lo importante es no maltratar la piel del animal cuando se retiran los órganos”, afirma Letty Salinas, jefe del Departamento de Ornitología, y encargada de disecar algunas de las más de 38,000 aves que alberga el Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). El ave más antigua es la gallinita ciega (Ochataecha Jelskii) y fue recogida hace 168 años por el naturalista polaco, Konstantin Jelski.

Ubicado, desde 1934, en la cuadra 12 de la Avenida Arenales, el Museo se muestra una inesperada tranquilidad frente al trajín cotidiano de la ciudad. Una reja de metal pareciera dividir el bullicio citadino de un ambiente, como su nombre lo indica, natural.

Más de un centenar de investigadores trabajan, sin recibir remuneración alguna, para contribuir con el estudio de la biodiversidad. Al mismo tiempo, muchos alumnos realizan sus prácticas pre-profesionales en el lugar.





Diversos medios de comunicación estuvieron al tanto del problema del Museo de Historia Natural. (Fuente: Canal N)


Naturalmente interesante


Una gran casona de color amarillo quiebra el tradicional pasaje de Jesús María. Al ingresar, la réplica de una isla de la Costa peruana. El detalle se cuida al mínimo. Lobos de mar, nutrias, gaviotas y pelícanos parecieran aletear al recibirnos.

Las dos primeras vitrinas, ubicadas una frente a la otra, muestran animales representativos de la Sierra y de la Selva. El más interesante es el ronsoco. El animal disecado, está acompañado por algunas aves y tortugas que dan la impresión de que se observasen, con pequeños ojos de vidrio, fijamente.

Peces, reptiles y mamíferos se encuentran en habitaciones de amplías paredes. Cada espécimen, en diferentes mostradores de vidrio, pareciera rogar ser reemplazado.
“Algunos animales tienen más de sesenta años. Supuestamente deberían tener un mantenimiento adecuado, pero la universidad no tiene fondos para hacerlo”, comenta la bióloga Amalia Delgado, perteneciente al Laboratorio de Florística.

En la siguiente habitación, un homenaje a Antonio Raimondi se refleja en una réplica de la Puya Raimondi que, en un imponente tamaño natural, se mantiene estática en una esquina, como si aguardara que alguien leyera la leyenda que cuenta su historia.



El Museo posee diversos atractivos que esperan ser visitados. (Fotografía: Marisela Meza)


Después de atravesar la Sierra y la Costa, utilizando unas bellas escaleras de mármol blanco, bajamos al sótano. En el lugar, encontramos fósiles, moluscos y parásitos en pequeños frascos de formol. Al fondo de la habitación hallamos una puerta cerrada: “Serpentario”, se lee. Dos vitrinas dejan ver un par de estáticas serpientes. “¿Romperían el vidrio si es que no estuvieran disecadas?”, comenta una curiosa anciana que visita el museo por primera vez.

El oscuro sótano origina un bello contraste con el exterior. Un inmenso jardín botánico, con más de 500.000 ejemplares de plantes, forma parte del herbario más grande del Perú. Dos grandes tortugas aparecen, repentinamente, detrás de un arbusto. “Uff, felizmente no las disecaron”, comenta la pequeña hija de una secretaria, mientras toma a su apresurada madre de la mano.

Según Amalia Delgado, lo que llama más la atención a los visitantes –en su mayoría escolares- no son las plantas. Las impresionantes colecciones de rocas y fósiles, tanto como de vertebrados como invertebrados, cuentan con 11.000 muestras. Mientras tanto, un grupo de niños observan asombrados la mandíbula del extinto caimán gigante. “Ala, parece un cocodrilote”, comenta un inquieto escolar mientras intenta tocar la muestra.



Perturbada tranquilidad


Hace dos meses, un problema arribó al, usualmente, tranquilo Museo de Historia Natural. Esta vez no se trataba del tumulto ocasionado por los escolares. La UNMSM pretendía construir un complejo “Académico Cultural”. Para ser más específicos, una torre de veinte pisos para la Unidad de Post grado de la Universidad. Lo curioso de la obra era que, para solventarse, tendría estacionamientos y un centro comercial en el sótano donde hoy dormitan algunas serpientes. El convenio era con la Constructora Graña y Montero. El conservar el jardín botánico no estaba en los planos. Tampoco consideraron que más de 500 investigadores trabajan en el lugar.



Investigadores, biólogos y trabajadores administrativos del Museo de Historia Natural encabezaron diversas protestas que, finalmente, contribuyeron a salvarlo.


Los medios de comunicación cubrieron la noticia. Trabajadores e investigadores de la UNMSM protestan a las afueras del local sanmarquino. No se resignan a perder tantos años de trabajo, que, además, fueron solventados con sus propios recursos.

Afortunadamente, y luego de una serie de negociaciones del Consejo Universitario -integrado por el Rector, Luis Izquierdo, los vicerrectores, decanos y el tercio estudiantil – se logró un acuerdo.

La directora del Museo, Betty Millán, afirmó en un comunicado que “no se aprobará el uso de los terrenos del Museo de Historia Natural para otros fines (…) puesto que es la Institución de San Marcos encargada de investigar y exhibir muestras representativas del patrimonio natural del Perú”.

Además, Millán, sumamente contenta por la noticia, asegura que se formará una nueva Comisión para evaluar dónde se edificará la Unidad de Post grado. El Museo, al menos por ahora, parece respirar tranquilo.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
Política y Sociedad ◄Design by Pocket, BlogBulk Blogger Templates