viernes, 26 de noviembre de 2010

El último maullido en la Residencial San Felipe

viernes, 26 de noviembre de 2010
Por: Claudia Delgado.



Las moscas siguen en el ambiente. Un extraño olor se confunde con el pasto recién regado. La tranquilidad de la Residencial San Felipe parece habitual, pero incómoda. En una esquina, una extraña bolsa negra de plástico parece rogar que la abran. Se asoma una patita.

Esa mañana, en el jardín correspondiente al edificio “Los Fresnos” se encontraban los aún tibios cuerpos de veinte gatos que agonizaron lentamente mientras los primeros rayos de sol hacían su tímida aparición. Los infortunados felinos ingirieron, muy temprano, una mezcla mortal: veneno con pollo y comida para gatos.
Es la hora del almuerzo. Algunos vecinos sacan a pasear a sus mascotas. Dos perros salchicha olfatean el jardín en el que, horas antes, estuvo la bolsa negra.




Jenny Carbajal habita en el edificio “Jacarandá” y no volverá a llevarles comida a sus peludos y sigilosos amigos. Graciela Coe, vive en “Los Frenos” y ya no se despedirá de aquel gato angora que la miraba desde la copa de un árbol cuando se iba a trabajar.


Así como ellas, muchos vecinos se preocupaban por estos animales. De los 20 gatos asesinados, según Roger Salazar, jefe del Programa de Mascotas del Municipio de Jesús María, tres se encontraban esterilizados. La labor conjunta entre la Municipalidad y las Protectoras de Animales de Jesús María parecía rendir frutos: aproximadamente veinte de los cuarenta gatos que habitan en la residencial estaban esterilizados.

Los mininos se convirtieron en parte del escenario de la residencial. Se los podía encontrar en los árboles tomando una pequeña siesta o buscando algo de comer en los recipientes de tecnopor que les dejaban entre los matorrales. Algunos residentes mencionan que los gatos llegaron al lugar con el motivo de eliminar molestosos roedores. Finalmente, fueron ellos los que terminaron siendo, para algunos, una molestia.

Diversas agrupaciones de protección animal realizaron una vigilia en su nombre. La propietaria de un pequeño puesto de flores donó una bolsa de pétalos. Indignada, muestra un cartel recién colgado en su puesto: “No mates a los gatitos. ¡Cruel!”.



Los últimos gatos mueren lentamente. Todo lo que conocen, se desvanece en un último suspiro. El veneno sigue haciendo efecto.

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